lunes, 1 de diciembre de 2008

El Madrigal sabía quién era el enemigo principal: Cristiano Ronaldo, la estrella del Manchester United, era la amenaza para los sueños del Villarreal y por eso los seguidores del ‘Submarino Amarillo’ la tomaron con el portugués desde el primer momento. En las gradas, continuos silbidos y en el césped, algún que otro recado para intentar reconvertir a Cristiano Ronaldo en un jugador “discreto”; alguien, como dijo Marcos Senna en la víspera, “está muy sobrevalorado si no marca”.
En un partido cuya trascendencia venía matizada por el hecho de que el empate les servía a ambos, Cristiano Ronaldo no marcó pero nadie más que él estuvo a punto de conseguirlo, pese a la inquina que le demostró el público del Villarreal. Parece ser el sino del luso, que este pasado fin de semana salió abucheado de Villa Park. Más allá de su calidad, la soberbia que demuestra, como cuando se atribuye todos los premios para sí mismo, le convierte también en víctima propiciatoria en cualquier guerra de nervios.
La de ayer la inició el lunes Marcos Senna, dudando del verdadero valor del luso. “Está muy sobrevalorado. Si no marca goles, su papel es limitado. Se queda en jugador mediocre”, dijo Senna. La guerra de nervios la prosiguió Ibagaza, con una caricia –de las de verdad, no de las que duelen– que molestó a Ronaldo hasta el punto de quejarse por ello al árbitro. Luego Javi Venta y Eguren vieron sendas amarillas por entrarle y Capdevila, ya hacia al final, la roja por otra dura acción. Por protestar una tontería, él mismo fue amonestado.
¿Y él? A cuentagotas, pero mucho más que cualquier otro jugador sobre el campo, dio muestras de no ser para nada discreto. Fue el único que obligó a trabajar a Diego López y hasta probó el travesaño. Con el pitido final, la guerra terminó y Pires cambió su camiseta con él.
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